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DERIVADOS · OPCIONES · COBERTURA

Cobertura sin miedo

Las opciones tienen fama de ser un tema complicado, lleno de letras griegas y fórmulas. La buena noticia es que para usarlas como cobertura — es decir, como un seguro contra movimientos que no quieres sufrir — solo necesitas entender un par de ideas centrales. Nada de cálculo avanzado.

¿Qué es una opción, en cristiano?

Una opción es, literalmente, un contrato que te da el derecho (pero no la obligación) de comprar o vender algo a un precio fijado de antemano, antes de una fecha límite. Si tienes exposición en dólares (por ejemplo, ingresos o gastos en USD) y te preocupa que el peso se mueva fuerte, puedes comprar una opción que te "asegure" un tipo de cambio máximo o mínimo. Si el mercado se mueve a tu favor, simplemente no usas la opción y sigues con el tipo de cambio normal. Si se mueve en tu contra, la opción te protege. Pagas una prima por esa tranquilidad — como el seguro de tu coche.

Delta: qué tanto se mueve tu opción

El "delta" responde una pregunta muy simple: si el activo subyacente (el dólar, una acción, una materia prima) se mueve $1, ¿cuánto se mueve el valor de tu opción? Un delta de 0.50 significa que tu opción se mueve aproximadamente la mitad que el activo. Para cobertura, el delta te ayuda a calcular cuántas opciones necesitas para cubrir una exposición de cierto tamaño — es básicamente el "tamaño del paraguas" que necesitas.

Theta: el costo del tiempo

El "theta" mide cuánto valor pierde tu opción simplemente por el paso del tiempo, incluso si nada más cambia. Las opciones son como la fruta: tienen fecha de caducidad, y entre más cerca esté esa fecha, más rápido pierden valor (si no se ejercen). Esto es clave para cobertura: una cobertura muy larga es más cara pero más estable; una muy corta es más barata pero hay que renovarla seguido, y cada renovación tiene su propio costo.

¿Cuándo vale la pena cubrirse de verdad?

La regla práctica: cubrirse tiene sentido cuando el costo de la cobertura (la prima) es menor que el daño que te haría un movimiento adverso que realísticamente podría pasar. Si tu exposición es pequeña o tu horizonte es muy corto, a veces el costo de la cobertura no vale la pena. Pero si tienes una exposición grande, un evento de alto impacto en el calendario (como una decisión de la Fed o de Banxico), y un movimiento en contra te dolería de verdad — ahí es exactamente donde una opción bien elegida deja de ser "complicada" y se convierte en sentido común con forma de contrato.